Camerunesas desafían los prejuicios para perseguir sus sueños futbolísticos

YAUNDÉ, 22 mayo (Reuters) – Cuando Gaelle Asheri comenzó a jugar al fútbol en las calles de tierra cerca de su casa en la capital de Camerún, era la única chica en los equipos informales del vecindario que usaba piedras como postes y anotaba con tiza los resultados en un muro.

Asheri plays soccer with her friends outside her house.

Asheri, de 17 años, y su compañera de equipo Ida Pouadjeu, de 16, forman parte ahora de la primera ola de chicas formadas por entrenadores profesionales en la Rails Foot Academy (RFA) de Yaundé. La asociación fue creada en enero para fomentar el talento del fútbol femenino en un país donde muchos todavía consideran el deporte como un juego de hombres.

“Solía ​​entrenar con chicos, así que había algunos ejercicios que no me permitían hacer por ser mujer”, dijo Asheri, describiendo cómo era considerada como más frágil que sus compañeros masculinos.

“Pero llegar a este lugar fue otro mundo, me vi obligada a hacer abdominales y todo el trabajo duro para alcanzar un nivel en el que las lágrimas suelen salir junto al sudor”, agregó.

La academia recibe su nombre por las vías del tren que bordean el campo de juego y se convierten en gradas informales para los espectadores locales, que se reúnen para ver a los equipos femeninos jugando contra oponentes masculinos.

El interés mundial en el fútbol femenino está creciendo y la FIFA espera que más de mil millones de espectadores sintonicen la Copa Mundial Femenina en junio. La selección nacional de Camerún, conocida como las “leonas indomables”, fue uno de los tres equipos africanos en clasificarse.

Su jugadora estrella, Gaelle Enganamouit, fue el cerebro detrás de la RFA, la primera academia de fútbol femenino del país africano. Su propia experiencia como jugadora joven en Yaundé le mostró que era importante para las mujeres tener su propio espacio para entrenar, dijo a la FIFA en enero.

La academia capacita actualmente a unas 70 jóvenes, la mayoría de las cuales proviene de entornos pobres y no podría costear de otra manera sus propias botas de fútbol, ​​dijo el entrenador Emmanuel Biolo.

“Aquí lo tienen todo: entrenadores, camisetas, equipo de entrenamiento, un fisioterapeuta y la orientación que les brindamos todo el tiempo. Gaelle Enganamouit quiere realmente que estas chinas sean la próxima generación”, afirmó.

Asheri asiste a la academia los sábados por la mañana y después del colegio los miércoles, cambiándose su uniforme -un vestido azul hasta la rodilla- por el kit correspondiente de su equipo.

Ahora está estudiando para sus exámenes finales de bachillerato, pero su sueño y el de Pouadjeu es jugar al fútbol a un nivel profesional, al igual que su benefactora.

“He visto a Gaelle (Enganamouit) jugar por televisión. Nunca me he perdido uno de sus partidos. Juega muy bien, quiero ser como ella”, dijo Pouadjeu.

Ambas chicas se enfrentaron inicialmente a la oposición de algunos de sus familiares, que estaban preocupados de que el deporte no fuera femenino. Pero ese perjuicio tampoco les hizo dar marcha atrás.

“Agarré la pelota, la pateé y nunca miré atrás”, dijo Asheri, recordando los partidos de fútbol callejero de la infancia con sus primos y vecinos.

Escrito por Alessandra Prentice; editado en español por Carlos Serrano

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